Los defensores del «aquí y ahora» eluden la nostalgia como algo que no aporta, que quita el foco sobre la importancia del momento.
Hoy y aún en shock me ha venido a la mente la plazoleta pequeña de la calle Uceda. Es un rectángulo, ni siquiera una plaza y en ella no pasaba un día sin que los vecinos tuviesen encuentros en los que compartir preocupaciones, sal y azúcar. En verano se multiplicaban las sillas de playa, aquellas que nunca tocarían la arena y el sentido de afable y amena comunidad sustituía el chapuzón. La otra plaza, la grande, era el campo de fútbol oficioso de la barriada cercana al Cine París. Allí se jugaban partidos a vida o muerte donde no se negociaba un centímetro con derroches de intensidad y compañerismo hasta que las madres y abuelas señalan el «halftime» de la merienda y el «fulltime» de la cena. «Esto es Vallecas y aquí hay que mamar«.
Decía Marshall McLuhan que «vivimos en una aldea global en la que estamos todos interconectados».
Hoy y aún en shock siento que somos el orgullo del barrio, de la ciudad, del país, del continente, incluso, por razones de amor y familia somos la alegría de quienes comparten franja, peruanos y millonarios de River Plate.
El Rayo Vallecano jugará la primera final europea de su historia. Su pase será recordado como una de las mayores gestas, si no la mayor hasta ahora en el primer cuarto de siglo del siglo XXI en el fútbol del viejo continente. Baste decir que en el historial de la Conference League, de relativamente reciente creación es el equipo de presupuesto más pequeño que ha llegado a la final .
La franja, en un partido que pasará a la historia del fútbol español derrotó con claridad al Racing Club de Estrasburgo por un gol a cero en un resultado que fue cortísimo para lo visto en la cancha.
Los temores ante la oportunidad histórica y un rival supuestamente temible en su calidad y localía hacían sospechar de un partido muy sufrido, de los de resguardarse cerca del arco , encomendarse a Batalla y recordar a Machiavello con su «el fin justifica los medios».
Íñigo Pérez, técnico franjirrojo ya leyenda del Rayo suele dar pistas entre mensaje y mensaje, ya incunables, sobre lo que su equipo plasmará en el verde. Habló de ser favoritos y de ser valientes.
La primera parte fue una auténtica locura. La lesión de Akhomach en el calentamiento no parecía un buen augurio pero entró en su lugar Pacha Espino. Cine.
El primer corner lo provocó Ratiu. El primer centro al área fue de Chavarría. El primer remate fue de Alemao. Íñigo Pérez aplaudía desde la banda y el Rayo apretaba, acogotaba, arrinconaba al Estraburgo que no sabía por donde le venía el aire.
De Frutos disparaba con violencia para astillar el larguero. El Rayo minimizaba la salida de los locales que no hacían más que perder balones. Los franceses miraban al árbitro buscando un poco de árnica, alguna faltita que frenara el ímpetu, la ambición desmedida de unos jugadores que buscaban la victoria. El trencilla, sigan sigan , miraba a los impuberes alsacianos encogiéndose de hombros, «haber estudiado más».
Alemao, brutal en la anticipación provocó la falta que lanzó Lejeune sin puntería.
Moreira, por voluntad y deseo el mejor de los locales ganó unos de los pocos duelos que ganó su equipo pero la energía gastada en superar a Pep y Pacha, jabatos, le impidió ser preciso. Ciss , imperial, estuvo al quite.
El Rayo, paciente, seguro y decidido con balón desesperó a los franceses. Chilwell, un inglés en Alsacia, fue superado por De Frutos y recibió tarjeta.
Isi, pleno de fuerza disparó pegado al palo.
Ciss, desde dentro del área tras un balón parado también lo intentó.
Unai se sumó a la fiesta con un disparo que subió en un miles de euros la cotización de Penders, arquero belga.
Repasemos. Media hora, ocho tiros visitantes de al menos seis jugadores franjirrojos distintos. De pellizcarse y no salir sangre. Legendario.
Era tan loco todo que pudo quebrarse en una tontería. Batalla falla un pase en su salida y el rechace del rival va directo a Enciso que estaba adelantado. Susto.
El Rayo siguió a lo suyo, templar , mandar e intimidar y De Frutos, tan espectacular en el desborde como desacertado en el remate no vio a tres compañeros solos en el área.
Pacha Espino terminó jugada poco después con un disparo desviado. Poco más de media hora y siete jugadores rayistas ya habían probado fortuna. Inolvidable.
El Rayo era la solidaridad hecha equipo. Los franjirrojos robaban arriba, abajo, a la izquierda y a la derecha y el hueco dejado por una compañero lo cubría la ayuda de otro. Parecía que estuvieran quince rayistas en el verde. En una de esas y cerrando al borde del área contraria Pacha Espino le dijo a Unai «voy yo», se internó en la banda derecha y su centro con la pierna mala por rematado por Lejeune en el punto de penalti. Penders despejó como pudo pero el rechace llegó a Alemao que envío el balón a la red (0-1).
El Estrasburgo en un espejismo pudo empatar a continuación. Doue quedó solo mano a mano con Batalla pero su definición, algo timorata se encontró a Augusto, gigante.
Al descanso el Rayo dominaba en disparos por 11 a 1 y en posesión 60-40. El marcador era corto.
Se prometía arreón local en la salida del segundo acto. Duro cinco minutos,los que tardó el voluntarioso Moreira en rematar desviado. De Frutos volvió a superar a la zaga local e Isi a asustar a Penders.
De Frutos pudo confirmar su convocatoria para el mundial con España si llega a acertar con la cesión de Alemao.
Isi devolvió la gentileza anterior de De Frutos pero el segoviano la mandó fuera.
El partido había cambiado y con lo locales aún más obligados a atacar aparecían los espacios. Alemao, de sobresaliente en ataque, socio de todos y custodio del balón y primer defensa en duelos ganados dio paso a Camello que pronto pudo hacer el segundo, Penders lo evitó.
Con todo quiso ir el Estrasburgo por el empate y con todo, Chavarría, glorioso, impidió que el disparo de Barco fuera un mal mayor. Batalla se anticipo al colorado y ganó unos segundos al crono.
El Rayo, al más puro estilo susto o muerte replicaba cada amenaza local con un guadañazo. Camello decide mal e Isi no acierta. Otro uy.
Pedro Díaz dio descanso a Isi, aka Rafael Sanzio en «La Escuela de Atenas» e Ivan Balliu a Jorge de Frutos «El hombre de Vitruvio» davinciano para apuntalar centro y banda.
Pedro también probó puntería, no creaís.
Álvaro García y Gumbau sustituyeron a Pacha Espino, lo mejor que vino de Cádiz desde el Festival en el Falla y las tortillitas de camarones y Unai López, el lider silencioso que se llevó una tarjeta.
Siguió el carrusel de amarillas con otra para Batalla.
Ouatara lo intentó y los locales ya en el descuento parecieron percatarse que se les iba la ocasión. Penders subió a rematar un corner y en el maremagnum entre los corsarios locales y los bucaneros del Santa Inés una bola de cañón se estampó en el brazo de Oscar Valentín. El árbitro señaló el punto de penalti. Los segundos pasaban y los mas de siete metros de portería se le hacían mínimos a Enciso que apenas lograba levantar la mirada.
El paraguayo repitió el lanzamiento del uruguayo Arambarri y Batalla, argentino felino de timing extraordinado dejó por segunda vez en poco tiempo a un azulón sin postre. Su parada y achique posterior, digno de los legendarios Fillol, Pumpido o Gatti dejo sin argumentos a un Estraburgo joven y talentoso que fue superado por un Rayo mas hecho, mas audaz y que fue fiel , más que nunca en sus ciento dos años de historia a su lema «valentía, coraje y nobleza».
Batalla , feliz en España tras una carrera dura remató para la liga española la quinta plaza para disputar la Champions que estaba en juego.
El partido acabó poco más tarde y el Rayo se hizo eterno e inmortal, rompiendo un techo de cristal que hace poco tiempo nadie hubiese soñado.
De jugar en Irún a hacerlo en Leipzig, donde esperemos que el estadio nos dé alas para entrar en el palacio de cristal de la gloria.
El patio de nuestra casa no es particular, es de Vallecas para todos y se moja como los demás (en el barrio hoy llueve en honor a su Rayo). El patio de nuestra casa, el Rayo se agacha para honrar, levantar y felicitar al perdedor y se levanta con orgullo de las derrotas.
Levanta esa copa, Rayo, demuestra que los agachaditos sabemos ganar.
