El Real Madrid ganó al Rayo Vallecano por 4-1, pero el marcador final no cuenta por completo lo que ocurrió en el Santiago Bernabéu. El conjunto de José Mourinho firmó una primera parte prácticamente perfecta y llegó al descanso con un contundente 3-0, pero el escenario cambió tras el paso por vestuarios.
El Rayo salió con otra cara y consiguió poner nervioso al Bernabéu. El gol de Sergio Camello en el minuto 50, que colocó el 3-1 en el marcador, cambió el ambiente del estadio. El equipo de Beñat San José empezó a encontrar espacios, llegó con mayor frecuencia al área madridista y obligó a Thibaut Courtois a intervenir en varias ocasiones. La reacción rayista provocó nuevamente el descontento de una parte de la grada. Hubo pitos posteriores al tanto de Camello como uno de los momentos de protesta de la afición madridista.
El Rayo cambió el partido tras el descanso
La segunda mitad fue muy diferente a la primera. El Rayo elevó su línea de presión, adelantó metros y comenzó a jugar mucho más cerca de la portería del Real Madrid. La diferencia en el marcador seguía siendo amplia, pero las sensaciones habían cambiado.
Courtois tuvo que aparecer para evitar que los visitantes se metieran todavía más en el partido. Gran papel del guardameta belga ante las ocasiones rayistas y empezó el cierto descontento que comenzó a aparecer entre los aficionados locales.
Un Rayo, muy condicionado por las bajas, mejoró tras el descanso y generó protestas entre el público madridista por el descenso de intensidad del equipo local.
El propio José Mourinho reconoció después del partido que esperaba ese escenario. El técnico portugués explicó que había planteado el encuentro como un partido de 45 minutos porque sabía que el Rayo no podría mantener durante todo el encuentro la intensidad de la primera parte. La reacción visitante, sin embargo, obligó al Real Madrid a sufrir durante algunos minutos.
Los pitos, pese a la goleada
El ambiente vivido en el Bernabéu tiene además un contexto. La afición madridista ya había mostrado su descontento en anteriores encuentros y el partido ante el Rayo no fue una excepción. Después de una semana marcada por las dudas, la victoria no evitó completamente las protestas.
El 4-1 definitivo, con el segundo gol de Mbappé en el descuento, terminó de cerrar una noche que había comenzado de forma inmejorable para el Real Madrid. Pero entre el 3-0 y el 4-1 hubo un tramo en el que el Rayo consiguió algo que pocos equipos logran en el Bernabéu: hacer que la grada local se pusiera nerviosa con un partido que parecía sentenciado.
La reacción del público fue significativa. Los silbidos no llegaron por el resultado, sino por las sensaciones que transmitió el Real Madrid cuando el Rayo consiguió cambiar el ritmo del encuentro. La intervención de Courtois y las llegadas visitantes evitaron que el equipo franjirrojo pudiera poner todavía más en aprietos a los blancos.
El Rayo también dejó su huella
La goleada puede llevar a una lectura exclusivamente madridista, pero el partido tuvo una segunda parte en la que el Rayo recuperó buena parte de su identidad. Tras una primera mitad en la que el Real Madrid castigó cada error, el conjunto de Beñat San José salió del vestuario con otra personalidad.
El propio entrenador rayista reconoció que la segunda parte se acercó mucho más al equipo que quiere construir. El Rayo siguió presionando, adelantó líneas y consiguió generar suficientes situaciones como para provocar inquietud en un Bernabéu que, con el 3-1, pasó de la tranquilidad a los murmullos y los pitos.
El Rayo perdió 4-1, pero durante un tramo de la segunda parte consiguió algo más difícil de medir que un resultado: hacer dudar al Bernabéu. Y eso explica que, incluso después de una goleada, el triunfo del Real Madrid terminara acompañado nuevamente por protestas de su propia afición.
