El club quiere trasladar su estadio a los terrenos de ADIF, mientras el Ayuntamiento proyecta en ese mismo ámbito una nueva centralidad con viviendas, actividad económica y equipamientos. Además, Almeida ha vinculado un futuro soterramiento de la M-30 en Puente de Vallecas al desarrollo del Abroñigal.
El proyecto del Rayo Vallecano para construir un nuevo estadio en los terrenos de ADIF del Abroñigal abre un nuevo frente en el futuro urbanístico de Vallecas. Según ha desvelado este jueves Diario AS, el club pretende trasladar allí su estadio, aprovechando los terrenos ferroviarios que ADIF está liberando con el traslado de su actividad logística a Vicálvaro.
La propuesta del Rayo llega precisamente cuando el Ayuntamiento de Madrid está activando su propia operación para este ámbito. Cibeles aprobó en marzo instar al Ministerio de Transportes a impulsar Madrid Nuevo Sur, una transformación de los terrenos del Abroñigal que el Consistorio plantea como una nueva centralidad del sur de Madrid. El ámbito cuenta con unos 300.000 metros cuadrados y el planteamiento municipal contempla viviendas, actividad económica, dotaciones educativas, sociales y culturales y nuevos espacios públicos.
Por tanto, la llegada de un estadio de fútbol de gran capacidad obligaría a encajar un nuevo uso de enorme impacto urbano dentro de unos terrenos que el Ayuntamiento llevaba meses reservando conceptualmente para una transformación mucho más amplia.
El Ayuntamiento ya tenía otros planes para el Abroñigal
La operación no parte de cero. El Ayuntamiento llevaba años trabajando sobre la posibilidad de transformar el Abroñigal y en 2021 presentó Madrid Nuevo Sur como un desarrollo que debía incluir vivienda, equipamientos, actividad económica y zonas verdes. Aquella primera propuesta municipal también contemplaba trabajar en el futuro soterramiento de la M-30 y del Nudo Sur.
En 2026, el Gobierno de Almeida ha recuperado esa operación dentro de su Estrategia del Sur. El alcalde ha definido los aproximadamente 300.000 metros cuadrados de ADIF como una «oportunidad histórica» para crear una nueva centralidad urbana y vertebrar el sur de Madrid.
La liberación del suelo ferroviario es precisamente uno de los elementos que ha permitido reactivar el proyecto. ADIF está trasladando la actividad logística que todavía permanece en Abroñigal al nuevo nodo de Vicálvaro, con el objetivo de liberar progresivamente los terrenos.
Ahora, el proyecto del Rayo introduce una tercera pieza: un estadio que ocuparía una parte sustancial de ese suelo y que cambiaría por completo la configuración del futuro desarrollo.
¿Y qué pasa con el soterramiento de la M-30?
Aquí aparece una de las grandes preguntas que deja abierta la operación.
El Ayuntamiento está ejecutando actualmente Vallecas Abierto, una actuación de 11,5 millones de euros para mejorar el entorno del conocido ‘scalextric’ del Puente de Vallecas. El proyecto incluye mejoras en el puente, nuevos itinerarios peatonales, zonas verdes, reducción del ruido y actuaciones bajo la M-30.
Pero Almeida no ha cerrado la puerta a un soterramiento futuro. Al contrario: en mayo afirmó que esa posibilidad podría abordarse en una segunda fase vinculada precisamente al desarrollo urbanístico del Abroñigal. El alcalde explicó entonces que el soterramiento exigiría resolver el tráfico de unos 300.000 vehículos diarios que pasan por ese punto.
Esto significa que el nuevo estadio no puede analizarse únicamente como un proyecto deportivo. Si finalmente el Rayo ocupa una parte de los terrenos de ADIF, habrá que determinar cómo encaja esa infraestructura con el futuro diseño viario y urbanístico del Abroñigal y con las conexiones que pudieran plantearse alrededor de la M-30.
No existe, al menos por ahora, un proyecto técnico aprobado que permita afirmar que el estadio y un futuro soterramiento de la M-30 sean incompatibles. Pero sí hay una evidente cuestión de planificación: el propio Ayuntamiento ha señalado que ambas operaciones están relacionadas, y cualquier estadio debería tener en cuenta desde el principio las reservas de suelo, accesos, movilidad y conexiones necesarias para una eventual transformación de la M-30.
Un estadio que puede cambiar el futuro del barrio
El proyecto del Rayo también plantea preguntas sobre movilidad. El Abroñigal está encajado entre la M-30 y las vías ferroviarias de entrada a Atocha, en una zona que el Ayuntamiento pretende transformar en una nueva pieza urbana.
La construcción de un estadio supondría concentrar periódicamente miles de desplazamientos en este punto, además de exigir nuevos accesos, transporte público, aparcamientos, espacios de seguridad y vías de evacuación.
Eso deberá convivir con el futuro desarrollo residencial y terciario previsto por Madrid Nuevo Sur.
De hecho, una de las cuestiones que tendrá que resolver cualquier proyecto definitivo será precisamente qué uso se quiere dar a los terrenos de ADIF y cómo se distribuyen los aproximadamente 300.000 metros cuadrados disponibles.
El Rayo, ante una operación que va mucho más allá del fútbol
La propuesta de Raúl Martín Presa llega además en un momento especialmente delicado para el futuro del Estadio de Vallecas. La Comunidad de Madrid ha defendido públicamente que quiere mantener al Rayo en su actual estadio y acometer una reforma integral, mientras el club estudia la alternativa de construir un recinto propio en los terrenos de ADIF.
Así, el Abroñigal se convierte en el escenario de una posible disputa entre dos modelos.
Por un lado, el proyecto del Rayo: un estadio propio, de mayor capacidad y con nuevas posibilidades económicas para el club.
Por otro, el Madrid Nuevo Sur que plantea el Ayuntamiento: vivienda, actividad económica, equipamientos y espacios públicos para transformar una de las últimas grandes bolsas de suelo ferroviario del centro-sur de Madrid.
Y, sobre ambos, una tercera cuestión que puede condicionar cualquier decisión: el futuro de la M-30 y la posibilidad de eliminar algún día el ‘scalextric’ del Puente de Vallecas.
La pregunta, por tanto, ya no es solamente si el Rayo puede construir su nuevo estadio en el Abroñigal. La cuestión es cómo encajaría ese estadio en la transformación urbanística que las administraciones llevan años proyectando para esos terrenos y si condicionaría las opciones futuras sobre la M-30.
